El lenguaje ha sido y puede ser utilizado para influir sobre la vida de las personas; por ejemplo, consideremos los siguientes casos:

Caso 1:

Un joven que ha estado en una cena con sus amigos y ha bebido varias copas de vino, toma su auto para volver a casa en medio de la helada noche invernal. En una curva, se encuentra delante de él con una persona que cruza la calle. Pisa el freno a fondo, pero el auto patina, golpea al peatón y éste muere. Durante semanas el joven se siente paralizado por el desasosiego y la confusión, sabe que ha acabado con una vida y que ha destrozado una familia de forma irreparable. Siente que el accidente es por completo culpa suya. Si no hubiera bebido tanto, probablemente habría visto antes a aquel peatón y habría podido responder con mayor rapidez y precisión. Sintiéndose cada vez más deprimido, considera incluso la idea de suicidarse. Su tío va a visitarle y, al ver el lamentable estado del muchacho, se sienta a su lado y permanece en silencio unos minutos. Luego, colocando su mano sobre el hombro del sobrino, le dice con sinceridad y sencillez: “seamos o no conscientes de ello, todos corremos peligro constantemente”. De repente, el joven siente como si una nueva luz comenzara a iluminar su vida. Cambia por completo sus hábitos, estudia psicología, y se convierte en consejero de víctimas de conductores ebrios y en terapeuta para personas que han sido arrestadas por conducir bajo los efectos del alcohol. De este modo, consigue transformarse en una fuerza positiva de cambio y sanación para la vida de muchas personas.

Caso 2:

Una muchacha se está preparando para acceder a la universidad. Ha barajado diversas opciones, y lo que más le gustaría sería entrar en la facultad de ciencias empresariales de una de las universidades más prestigiosas de su entorno. Sin embargo, teme que dada la cantidad de solicitudes, no tenga la menor oportunidad de ser aceptada. Tratando de ser más realista, y de evitar el desengaño, decide presentar solicitudes únicamente para otras opciones más modestas. Mientras rellena los formularios, le explica su razonamiento a su madre, diciéndole: “seguro que esa universidad estará inundada de solicitudes”. A lo que su madre le responde: “siempre hay sitio para alguien bueno”. Esta sencilla verdad anima a la joven a mandar también su solicitud a esa universidad de sus sueños. Para su sorpresa y deleite, es aceptada y acaba convirtiéndose en una prestigiosa consultora.